Paisaje evocador de los tiempos de antes.

Tay Bridge from Studio window, 1948
Paisaje evocador de los tiempos de antes. Humareda de trenes que van y vienen. Caballo de tiro, aparcado su carro ante la verja. Abierta ésta y una mujer con un perro unido por correa a ella.
Plácidos paseantes, serenidad transmite. Árboles sin hojas, final del invierno. Se adivinan brotes. La poca gente que se ve, con ropa de abrigo y en recogimiento.
Cochecito de bebé. Paseo tranquilo. Una bicicleta. Bancos vacíos, no acompaña el frío.
Perros que se mueven próximos a quien los lleva ante un césped verde extendido hacia el amplio río.
Largo puente que lo cruza, transitado por dos trenes a punto de cruzarse en su trayecto. Por debajo y en la orilla otro tren, por el humo se adivinan. Humaredas, que son tres, se alejan. Los paseantes ajenos a ellos. El viento se lleva esos humos.
El pintor titula su cuadro diciendo que desde la ventana de su estudio. Yo a través de sus ojos y pinceladas y por la capacidad que da el medio en la ventana de mi pantalla llegué a él. Fue tal el impacto visual y plástico que lo alcancé en mi red y lo coloqué en un post. Hoy he vuelto a él con lápiz y papel para expresar en palabras lo que hubiera querido vivir. Miro la fecha y coloco mi tiempo en ella y los tiempos que se daban, la Postguerra era muy cruda y de la primera imagen bucólica me sitúo en la realidad cruda. Esos perros que son muchos, quien los lleva ha de realizar esfuerzo para ganar algo y llevarse bocado. Eran años de escasez. Cartillas de racionamiento. Hambruna y tristura. Quien pintara puede ser que de frío aterido más de un lienzo mal vendido o destruido. Ese caballo y tras de él un medio esclavo, a la espera de su amo. Ese coche de niño paseado por chacha que apenas si disponía de algunas horas para ella a la semana. Mi madre pasó por ello y pocas lindezas te cuenta de la exigencia de esas señoras a las que había que besar los pies y a todo amén.


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